En el estudio de Arnold

En el estudio de Arnold, es un documental sonoro realizado por la periodista Déborah Gros, fundadora de la radio del Institut Français de Madrid. En esta pieza sonora, se nos presenta la figura del bailarín Arnold Taraborrelli y en concreto su trabajo en su estudio en Madrid, al que acuden cantantes, bailarines y actores. Sin embargo, no se trata de un mero reportaje sobre el personaje, sino que Déborah realiza toda una composición artística cuya belleza reside en la sutileza del montaje y un excelente manejo de la sugerencia radiofónica, que es capaz de situar al oyente en lugares y ambientes determinados con unos pocos sonidos y efectos.

El documental comienza con la voz del protagonista enmarcada en un plano medio, que en un principio resulta confuso para el oyente, que seguramente no sea capaz de descifrar el contexto. Sin embargo, pronto se oyen palmadas de un grupo de personas, que junto con el tono y el contenido de las palabras de Arnold, sumado a la resonancia propia de un sala de ensayo, se hace posible empezar a imaginarse a un hombre de avanzada edad impartiendo una clase a un grupo de jóvenes en un salón. A continuación se escucha la voz de la realizadora que hace una introducción del documental y podemos escuchar las primeras palabras en primer plano del bailarín. La introducción termina con un fundido encadenado en el que se cambia a un plano medio y se escucha el ambiente de la calle: un motor de un coche, el tráfico, etc.

A partir de este punto, comienza toda una ensalada de sonidos que transportan al oyente por los pasillos del estudio junto a unas alumnas hasta llegar a la clase de Arnold. Esta secuencia con un fade in del ruido ambiente de la calle, en el que se oyen pasos sobre suelo mojado, hasta alcanzar un primer plano de las intervenciones de las alumnas. Se oye el sonido de la puerta de entrada y es posible percibir también el cambio de escenario, de la calle al interior del estudio, en el que el oyente siente acompañar a las alumnas por los pasillos. Mientras van hablando, de fondo se escuchan otras personas hablar, ruido de puertas, campanillas, llaves, saludos, etc. Finalmente un barullo indica que nos encontramos en el interior de la sala de ensayo hasta que un siseo hace cesar todas las voces y comienza la clase en un fundido con el ruido ambiente.

Esta secuencia de la grabación de una clase, es lógico pensar que ha sido grabada en cualquier otro momento. Sin embargo, Déborah logra con su montaje y manejo del raccord, que pensemos que esa misma clase comienza en ese preciso instante. Además, cabe destacar de este corte, el cambio de plano que se produce a lo largo de la secuencia, que comienza con un segundo plano de la clase y evoluciona hasta un primer plano de Arnold. Este fragmento de la clase, muy rítmico y enérgico crea un gran contraste con las entrevistas y enriquece enormemente el montaje.

A continuación, Déborah utiliza el recurso del encadenado, en el que la clase finaliza y acto seguido escuchamos un ruido de llaves y pasos sobre el parqué, para introducir la intervención de Arnold, que nos habla de su estudio.

Como hemos visto Déborah alterna las intervenciones del protagonista con fragmentos de sus clases, rompiendo así la monotonía de una entrevista al uso, algo que podemos ver durante todo el documental. Esta vez utiliza un nuevo recurso que consiste en la superposición de la música de una de las clases con la continuación de la entrevista (cuadratura), algo que aporta más dinamismo al montaje. Además, la elección de los fragmentos de las clases son muy ricos auditivamente y aportan gran diversidad de sonidos, como los ruidos vocales o gritos de Arnold, las distintas músicas, gritos de los alumnos, palmadas, golpes en las piernas, pisoteos… En el siguiente fragmento, he realizado un pequeño montaje con una selección de los sonidos que podemos escuchar en las clases de este fragmento del documental.

Después de las distintas secuencias de clases de Arnold con sus alumnos, Déborah introduce un nuevo fragmento de la entrevista en el que parece como si el bailarín estuviera apagando las luces y cerrando las puertas del estudio mientras habla en un primer plano, ya que podemos escuchar diversos ruidos intercalados con las intervenciones o de fondo.

Y de nuevo, otro fragmento de una clase. Esta vez, la realizadora no opta con la sutileza de un fade in, sino que nos sorprende con una brusco acorde de un piano. Me sorprenden dos cosas de esta secuencia. Por un lado, el hecho de que el piano esté bastante desafinado, algo que es sorprendente porque rompe la sutileza y perfección del montaje, pero que es cierto que aporta naturalidad y realismo a la composición. Además, el hecho de que la música provenga de un piano en directo y no sea una grabación, también contrasta con lo que sería más usual y hemos escuchado hasta ahora. Y por otro lado, destacaría el empleo de los silencios, que aportan cierta expresividad y crean tensión en el montaje.

A continuación, se escuchan nuevos efectos de sonidos, como de rasgueo y movimiento de papeles, y comienza una nueva parte de la entrevista, que resulta curiosa porque Arnold nos habla de pintura, cuadros, olores, etc. Yo creo que Déborah juega con esta sinestesia que supone el juego con los diversos sentidos como la vista y el olfato en un medio exclusivamente sonoro para dar expresividad al montaje y una vez más, hacer uso del poder radiofónico de la sugerencia y la evocación. Por otro lado, insiste en la alternancia de intervenciones en primer plano de Arnold, con los efectos de sonido que ayudan a conformar un ambiente y contextualizar el reportaje.

La siguiente parte del documental es una preparación de un ensayo o una coreografía de Arnold en la que quiero destacar el hecho de que sea algo nuevo en el desarrollo del reportaje (se cambian las clases con los alumnos por un ensayo en el que solo se oye a Arnold susurrarse a sí mismo y sus expresiones) y tres detalles: en primer lugar, el fundido encadenado con que comienza esta secuencia, la resolución final con que bruscamente acaba el corte y sobre todo la parte intermedia en la que empieza a sonar la música y se pueden escuchar los pasos de baile de Arnold al ritmo del vals que está sonando, y que a mí al menos me hace imaginarme las piernas del bailarín danzar por el parqué.

Después de esta secuencia del ensayo, de nuevo escuchamos otra parte de la entrevista en la que Arnold habla de la importancia de las imágenes para un bailarín o actor y de la belleza de las imágenes cotidianas mientras escuchamos más ruido de papeles y nos imaginamos al protagonista mostrando un álbum o una revista a la entrevistadora.

El documental sonoro prosigue con una nueva miscelánea de sonidos, como el ruido de unas campanas de una puerta y el sonido de un cepillo barriendo el suelo, antes de que continúe otra parte de la entrevista en primer plano sonoro. Este fragmento es bastante rico en sonidos y efecto, ya que se puede oír el sonido del viento de la calle, el ruido de tráfico, el claxon de un coche, pájaros y finalmente la entrevista se ve interrumpida por el sonido del agua corriendo. Es también destacable que cuando se reanuda la entrevista, cambia la resonancia de la voz de Arnold, se escucha más reverberación, lo que nos indica que hemos cambiado de espacio y estamos de nuevo en el estudio.

El reportaje acaba con un fundido encadenado de la última intervención de Arnold y el fade in lento de una música de percusión, posteriormente la voz de Déborah Gros despidiendo el documental y el fade out de la música que indica el final del mismo.

 

Como hemos visto, es muy destacable la gran variedad de recursos sonoros, efectos y sobre todo la calidad del montaje, que demuestra lo que se puede llegar a hacer para el disfrute del oído saliendo de los moldes a los que estamos acostumbrados. Me parece una apuesta valiente y ojalá empecemos a valorar este tipo de trabajo como se merece.

 

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Metro en Voz alta

Soneto págame la tarde
Doblo hablo entrada siete parapeto
digo persigo estábamos me canso
me estás diciendo se me cae la tarde
soy vieja yo ¡sus! tose santo el gato

Ese hilo se acaba algunos hipos
di dice no nadie habla suena un lío
la media del paquete aturde míralo
Se peina y dame cuando vengo amigo

No será esta burbuja que he quemado
aquí tengo yo más preparo trenes
voilà toujours le lit la bonne fille

Oh caro río del mercado ablanda
quiero que tu perdón substituido
llevo sentado espejo apaga apaga

Carlos Edmundo de Ory

Desde la clase en que se nos mandó grabarnos leyendo en voz alta en el metro, tuve claro lo que quería leer. En principio, teníamos que leer cualquier cosa, el libro que estuviéramos leyendo, el periódico, los textos que hay en los vagones, etc. Sin embargo yo pensé: <>. Este poema es un soneto dadísta poco conocido y con muy pocas referencias en Internet, de Carlos Edmundo de Ory, llamado Soneto págame la tarde. La razón, simplemente porque en esa clase estuvimos viendo ejemplos de composiciones sonoras un tanto excéntricas y a mí se me venía a la cabeza este poema constantemente, porque lo asocio precisamente con las vanguardias, con la vuelta de tuerca que se le puede dar a la poesía; y en este caso, se trataba de dar una vuelta de tuerca a la composición sonora, a buscar los sonidos cotidianos del metro y fundirlos con la literatura. En cuanto a la situación excéntrica de ponerse a leer en voz alta en el metro, he de reconocer que pasé mucha vergüenza, pero estoy satisfecho con el resultado, porque además de leer el poema que quería, busqué un momento en el que hubiera un músico en el vagón, y lo encontré.

Huella Sonora de la Carlos III

Podía haber elegido perfectamente como huella sonora de la universidad la cafetería y conseguiría que cualquier persona de la universidad que escuchara ese sonido lo supiera identificar. Sin embargo, me parece que tiene más carácter de huella de la universidad la biblioteca. Hay una estrecha relación entre biblioteca y universidad porque comparten una misma causa final, el estudio. Además, para mí, en el aspecto personal supone un lugar importante e identificativo, en el sentido de que paso muchas horas en ella… Yo estudio en Leganés, así que los sonidos que he grabado son los de la biblioteca de la Escuela Politécnica Superior.

¿Y qué se escucha en una biblioteca? Si uno cierra los ojos en una biblioteca, en casi cualquiera en la que haya gente, y solamente escucha, seguramente se llevará la decepción de que lo que se escucha no es el silencio (¡además de que hemos visto que el silencio no existe!), sino que percibirá una miscelánea de sonidos diversos: pasos, murmullos, toses, el sonido de los bolígrafos, de las páginas al pasar, de las sillas que se arrastran por el suelo, sonidos de los ordenadores, el teclado, el ratón, etc. Todos ellos, enmascarados entre el ruido sordo del ambiente, que no llega a ser silencio, sino un ruido vago. Y la escucha que realizaríamos en este caso, sería principalmente una escucha causal, pues consistiría básicamente en identificar la causa de los sonidos sin poder descifrar en la mayoría de los casos un código establecido, por lo que no entraríamos en la escucha semántica.

Weekend de Walter Ruttmann

Con excelente manejo del relato y de la composición sonora, Ruttmann es capaz de transmitirnos en cada momento las sensaciones precisas. Nos sitúa en un lugar concreto o nos lleva en un viaje circular a toda velocidad por Berlín. Este film sonoro es una muestra de lo que se puede llegar a hacer para radio, y un hito artístico por ser todo un experimento realizado en 1930 con todo lo que ello conlleva. La pieza relata a través de seis movimientos, el final de la jornada de trabajo el sábado por la tarde y el fin de semana de descanso hasta que comienza todo de nuevo el lunes por la mañana. Ruttmann grabó cada sonido recorriendo las calles, fábricas y  estaciones de Berlín en una furgoneta con un micrófono, recogiendo el ritmo de la ciudad y recreando después, en un laborioso trabajo, esta obra maestra.

I – Jazz der Arbeit (Jazz del trabajo)

Lo primero que evocamos al escuchar los compases iniciales de Weekend es una fábrica en plena jornada de trabajo: ruido de metales, una sierra, motores, los golpes del martillo… Todos ellos sinfónicamente mezclados. De repente salimos de la fábrica, se oye un violín, un piano, un saludo, una caja registradora y empieza un viaje por toda la esfera sonora de la ciudad. Ruttmann no se conforma con un relato plano y lineal de un fin de semana en Berlín. Él busca ir más allá de todo eso y experimenta creando un conglomerado tridimensional sonoro. Por eso va de la fábrica al violín, y de ahí a una tienda, un bar, un colegio, la calle… Se oyen gritos, el motor de un coche, un silbato, más gritos, la caja registradora, un niño hablando, y de nuevo la fábrica, y de nuevo el silbato, la caja registradora, una máquina de escribir… Y todos estos sonidos se suceden dentro de una composición perfectamente rítmica, es el pulso de la ciudad.

II – Feierabend (Hora de cierre)

De pronto, los sonidos se empiezan a atropellar, la frecuencia cardíaca de la ciudad aumenta poco a poco, se acerca el fin de la jornada laboral, y no sólo eso, se acerca el comienzo de la libertad del fin de semana, el descanso. Los sonidos se aceleran sin descanso alguno, aumenta el pulso. Se oyen los mismos ruidos de la fábrica que antes, el martillo, los motores, la máquina de escribir y la caja registradora, pero a mayor velocidad. Aumenta la tensión. Gente gritando, golpes, Achtung!, más golpes, la sierra, Hallo!, unos pasos acelerados subiendo una escalera y finalmente un motor que se apaga poco a poco. Poco a poco se viene el silencio. Todo se apaga mientras se oye una voz casi susurrando…

III – Fahrt ins Freie (Viaje hacia la libertad)

Silencio, calma. Poco a poco empieza a percibirse en la lejanía la campana de la iglesia. En este movimiento Ruttmann da un giro radical a la composición. Ha llegado el tiempo de descanso en Berlín. Todo va más despacio, nada se precipita y por fin la gente puede disfrutar de la calma. Y esto se refleja muy claramente en lo formal de la composición. Mientras que en los dos primeros movimientos los sonidos son fragmentos superpuestos, de corta duración, con poca continuidad para ofrecer esa visión tridimensional que no enmarcaba el relato en un lugar concreto sino que era un viaje a toda velocidad, ahora ocurre todo lo contrario. No parece haber cortes, como si el micrófono de Ruttmann se hubiera dejado fijo y dejase que los sonidos se acerquen a él, y no al revés. A lo lejos se oye la campana de la iglesia, y simultáneamente se acerca una locomotora silbando. Se oye la sirena de la estación, el estruendo de un motor y comienza el viaje a la libertad. De nuevo silencio y alguien se acerca silbando. Se abre una puerta y parece como si entrásemos en una estancia llena de gente, pero la continuidad no se rompe. Las conversaciones son calmadas, alegres los pasos lentos. Silencio. Pasos. Silencio. Vuelven a sonar las campanas, los silbidos y los cláxones de los coches que se suceden de nuevo como en un concierto. Finalmente nos alejamos de la ciudad mientras se oye el susurro de un motor y las voces que se despiden animadamente.

IV – Pastorale (Pastoral)

De nuevo un giro en la composición. Ruttmann deja atrás la ciudad y se adentra en los sonidos que le ofrece el campo. Ya no queda nada de la tensión inicial. Ahora solo cabe la distensión que produce el sonido de los animales, una coral que canta alegremente. El único resto de la ciudad es el motor del coche que llega al pueblo. Los sonidos se empiezan a suceder siguiendo el mismo método que al principio. Ruttmann juega con la superposición de los sonidos: el gallo, las gallinas, el coro que sube y baja el volumen, las campanas de la iglesia, de nuevo el gallo, voces de niños, risas, el juego de los niños. A veces se cortan y a veces se solapan y parece como si Ruttmann se hubiera marchado al campo a componer y concertar su particular sinfonía pastoral, imitando a su compatriota Beethoven en su sexta sinfonía (pastoral).
Después empieza a escucharse una banda de música, cada vez más cerca y después vuelve a alejarse lentamente. Los mayores hablan, el bebé llora y de pronto se oye más música y después animales. La alegría se hace patente con cada sonido: los cantos de la gente en el bar, el cencerro de las vacas… Pero finalmente vuelve a sonar la campana de la iglesia, esta vez casi tétrica como anunciando el final del descanso. Aún más tétrico es lo que viene después.

V + VI Wiederbeginn der Arbeit (Vuelta al trabajo)

Lo que viene después es exactamente el sonido del despertador que anuncia el principio del final. El final del día de descanso y el comienzo del viaje de vuelta al trabajo. De nuevo un giro en la forma. Poco a poco empiezan a sucederse los fragmentos cortos y entrecortados como en los primeros movimientos reflejando el estrés y el trabajo, en contrapunto con la distensión de la jornada de descanso. Vuelven a oírse sirenas, un hombre que se despereza, otra vez la caja registradora, la máquina de escribir, los Achtung!, estruendos, golpes y la monotonía sonora que anuncia el principio de la semana y el final de Weekend.

Musicalización de Sentimientos

En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro dijo una vez Schopenhauer con toda la razón del mundo. La música es el vehículo más puro para los sentimientos, que encuentran en ella lo que a veces las palabras no bastan para transmitir. Para mí, violinista y amante de la música, es evidente la importancia de la música y se convierte además en una vía de escape de mis propios sentimientos. He aquí una pequeña selección de las piezas que escogí personalmente para musicalizar el amor, el odio, la nostalgia, el horror y la burla. Son las canciones que escogí en un momento determinado, hoy quizá serían otras, y antes o después, también.

AMOR

Andrés Suárez, Números Cardinales

Canción del cantautor gallego Andrés Suárez, no muy conocido popularmente, pero sí en las noches madrileñas en salas como Galileo Galilei, Libertad 8 y demás. En esta canción canta junto a Tontxu sus catorce razones para amar.

ODIO

The Offspring, Want you bad

La letra no transmite odio, pero para mí siempre fue desde que era un chavalín, mi canción de escape cuando yo sí me llenaba de odio, e inevitablemente, esta canción me sigue viniendo a la cabeza cuando pienso en odio.

NOSTALGIA

Jules Massenet, Meditation  (Thaïs)

Esta obra maestra compuesta para la ópera Thaïs, es una de las grandes composiciones para violín en la historia de la música clásica. Interpretada en este caso por el maestro Itzhak Perlman, es para mí un ejemplo de música que te envuelve en nostalgia y te salta las lágrimas, y así como Want you bad la escucho lleno de odio, la Meditación la toco con los pelos de punta y los sentimientos a flor de piel.

HORROR

Rammstein, Sonne (instrumental)

Esta versión instrumental de Sonne, transmite aún más la sensación de miedo y terror que los Rammstein suelen imprimir en sus temas. Tanto por los efectos sonoros como por los ritmos y acordes repetitivos, esta canción no deja de transportarme a un lugar algo siniestro.

BURLA

BSO de Astérix y Obélix

Inolvidable canción de mi infancia, que por su melodía la asocio con un ambiente de broma, risa y burla. Una canción muy simpática y que sin duda nos trae a la cabeza las imágenes de estos famosos comics que han sido varias veces llevados a la pantalla con esta música.

 

Y Schopenhauer no se limitó a decir que en la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, sino que concluía su célebre frase añadiendo: y el mundo no es, sino música hecha realidad. Amén.

 

Despertar

¿Qué mejor comienzo del blog que con una entrada que se llama Despertar? Todo lo que ha de comenzar, debe pasar por su despertar, el primer aliento de lo que está a punto de comenzar, las primeras bocanadas de aire, de vida que deben ser el impulso de lo que está por venir…

Y sin embargo, no es lo más agradable del día despertarse temprano por la mañana para ir a la universidad o para estudiar. Lo que debería ser la primera alegría de cada día, se nos hace duro y pesado a menudo, sin saber valorarlo en su justa medida. A mí me gusta pensar que me ayuda a cambiar esa perspectiva empezar el día con música o con radio. Esta vez tocaba música, y de la buena. Suelo cambiar la música con la que me despierto frecuentemente o lo intercalo a días con levantarme oyendo la radio. Aparte de la música, lo demás suele ser bastante común para todos los días:

Silencio, primeros compases de La ley innata de Extremoduro, respiración, la voz de Robe, respiración, ruido de sábanas, suspiros, lamentos, la guitarra de Uoho, la música cesa, la ventana se abre, el aire de la mañana, la música de los pájaros, suspiros, la ventana se cierra, pasos, la puerta se abre, interruptor de la luz, el grifo, el agua cae, suspiros…

Empieza el día.