Weekend de Walter Ruttmann

Con excelente manejo del relato y de la composición sonora, Ruttmann es capaz de transmitirnos en cada momento las sensaciones precisas. Nos sitúa en un lugar concreto o nos lleva en un viaje circular a toda velocidad por Berlín. Este film sonoro es una muestra de lo que se puede llegar a hacer para radio, y un hito artístico por ser todo un experimento realizado en 1930 con todo lo que ello conlleva. La pieza relata a través de seis movimientos, el final de la jornada de trabajo el sábado por la tarde y el fin de semana de descanso hasta que comienza todo de nuevo el lunes por la mañana. Ruttmann grabó cada sonido recorriendo las calles, fábricas y  estaciones de Berlín en una furgoneta con un micrófono, recogiendo el ritmo de la ciudad y recreando después, en un laborioso trabajo, esta obra maestra.

I – Jazz der Arbeit (Jazz del trabajo)

Lo primero que evocamos al escuchar los compases iniciales de Weekend es una fábrica en plena jornada de trabajo: ruido de metales, una sierra, motores, los golpes del martillo… Todos ellos sinfónicamente mezclados. De repente salimos de la fábrica, se oye un violín, un piano, un saludo, una caja registradora y empieza un viaje por toda la esfera sonora de la ciudad. Ruttmann no se conforma con un relato plano y lineal de un fin de semana en Berlín. Él busca ir más allá de todo eso y experimenta creando un conglomerado tridimensional sonoro. Por eso va de la fábrica al violín, y de ahí a una tienda, un bar, un colegio, la calle… Se oyen gritos, el motor de un coche, un silbato, más gritos, la caja registradora, un niño hablando, y de nuevo la fábrica, y de nuevo el silbato, la caja registradora, una máquina de escribir… Y todos estos sonidos se suceden dentro de una composición perfectamente rítmica, es el pulso de la ciudad.

II – Feierabend (Hora de cierre)

De pronto, los sonidos se empiezan a atropellar, la frecuencia cardíaca de la ciudad aumenta poco a poco, se acerca el fin de la jornada laboral, y no sólo eso, se acerca el comienzo de la libertad del fin de semana, el descanso. Los sonidos se aceleran sin descanso alguno, aumenta el pulso. Se oyen los mismos ruidos de la fábrica que antes, el martillo, los motores, la máquina de escribir y la caja registradora, pero a mayor velocidad. Aumenta la tensión. Gente gritando, golpes, Achtung!, más golpes, la sierra, Hallo!, unos pasos acelerados subiendo una escalera y finalmente un motor que se apaga poco a poco. Poco a poco se viene el silencio. Todo se apaga mientras se oye una voz casi susurrando…

III – Fahrt ins Freie (Viaje hacia la libertad)

Silencio, calma. Poco a poco empieza a percibirse en la lejanía la campana de la iglesia. En este movimiento Ruttmann da un giro radical a la composición. Ha llegado el tiempo de descanso en Berlín. Todo va más despacio, nada se precipita y por fin la gente puede disfrutar de la calma. Y esto se refleja muy claramente en lo formal de la composición. Mientras que en los dos primeros movimientos los sonidos son fragmentos superpuestos, de corta duración, con poca continuidad para ofrecer esa visión tridimensional que no enmarcaba el relato en un lugar concreto sino que era un viaje a toda velocidad, ahora ocurre todo lo contrario. No parece haber cortes, como si el micrófono de Ruttmann se hubiera dejado fijo y dejase que los sonidos se acerquen a él, y no al revés. A lo lejos se oye la campana de la iglesia, y simultáneamente se acerca una locomotora silbando. Se oye la sirena de la estación, el estruendo de un motor y comienza el viaje a la libertad. De nuevo silencio y alguien se acerca silbando. Se abre una puerta y parece como si entrásemos en una estancia llena de gente, pero la continuidad no se rompe. Las conversaciones son calmadas, alegres los pasos lentos. Silencio. Pasos. Silencio. Vuelven a sonar las campanas, los silbidos y los cláxones de los coches que se suceden de nuevo como en un concierto. Finalmente nos alejamos de la ciudad mientras se oye el susurro de un motor y las voces que se despiden animadamente.

IV – Pastorale (Pastoral)

De nuevo un giro en la composición. Ruttmann deja atrás la ciudad y se adentra en los sonidos que le ofrece el campo. Ya no queda nada de la tensión inicial. Ahora solo cabe la distensión que produce el sonido de los animales, una coral que canta alegremente. El único resto de la ciudad es el motor del coche que llega al pueblo. Los sonidos se empiezan a suceder siguiendo el mismo método que al principio. Ruttmann juega con la superposición de los sonidos: el gallo, las gallinas, el coro que sube y baja el volumen, las campanas de la iglesia, de nuevo el gallo, voces de niños, risas, el juego de los niños. A veces se cortan y a veces se solapan y parece como si Ruttmann se hubiera marchado al campo a componer y concertar su particular sinfonía pastoral, imitando a su compatriota Beethoven en su sexta sinfonía (pastoral).
Después empieza a escucharse una banda de música, cada vez más cerca y después vuelve a alejarse lentamente. Los mayores hablan, el bebé llora y de pronto se oye más música y después animales. La alegría se hace patente con cada sonido: los cantos de la gente en el bar, el cencerro de las vacas… Pero finalmente vuelve a sonar la campana de la iglesia, esta vez casi tétrica como anunciando el final del descanso. Aún más tétrico es lo que viene después.

V + VI Wiederbeginn der Arbeit (Vuelta al trabajo)

Lo que viene después es exactamente el sonido del despertador que anuncia el principio del final. El final del día de descanso y el comienzo del viaje de vuelta al trabajo. De nuevo un giro en la forma. Poco a poco empiezan a sucederse los fragmentos cortos y entrecortados como en los primeros movimientos reflejando el estrés y el trabajo, en contrapunto con la distensión de la jornada de descanso. Vuelven a oírse sirenas, un hombre que se despereza, otra vez la caja registradora, la máquina de escribir, los Achtung!, estruendos, golpes y la monotonía sonora que anuncia el principio de la semana y el final de Weekend.

Anuncios

Musicalización de Sentimientos

En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro dijo una vez Schopenhauer con toda la razón del mundo. La música es el vehículo más puro para los sentimientos, que encuentran en ella lo que a veces las palabras no bastan para transmitir. Para mí, violinista y amante de la música, es evidente la importancia de la música y se convierte además en una vía de escape de mis propios sentimientos. He aquí una pequeña selección de las piezas que escogí personalmente para musicalizar el amor, el odio, la nostalgia, el horror y la burla. Son las canciones que escogí en un momento determinado, hoy quizá serían otras, y antes o después, también.

AMOR

Andrés Suárez, Números Cardinales

Canción del cantautor gallego Andrés Suárez, no muy conocido popularmente, pero sí en las noches madrileñas en salas como Galileo Galilei, Libertad 8 y demás. En esta canción canta junto a Tontxu sus catorce razones para amar.

ODIO

The Offspring, Want you bad

La letra no transmite odio, pero para mí siempre fue desde que era un chavalín, mi canción de escape cuando yo sí me llenaba de odio, e inevitablemente, esta canción me sigue viniendo a la cabeza cuando pienso en odio.

NOSTALGIA

Jules Massenet, Meditation  (Thaïs)

Esta obra maestra compuesta para la ópera Thaïs, es una de las grandes composiciones para violín en la historia de la música clásica. Interpretada en este caso por el maestro Itzhak Perlman, es para mí un ejemplo de música que te envuelve en nostalgia y te salta las lágrimas, y así como Want you bad la escucho lleno de odio, la Meditación la toco con los pelos de punta y los sentimientos a flor de piel.

HORROR

Rammstein, Sonne (instrumental)

Esta versión instrumental de Sonne, transmite aún más la sensación de miedo y terror que los Rammstein suelen imprimir en sus temas. Tanto por los efectos sonoros como por los ritmos y acordes repetitivos, esta canción no deja de transportarme a un lugar algo siniestro.

BURLA

BSO de Astérix y Obélix

Inolvidable canción de mi infancia, que por su melodía la asocio con un ambiente de broma, risa y burla. Una canción muy simpática y que sin duda nos trae a la cabeza las imágenes de estos famosos comics que han sido varias veces llevados a la pantalla con esta música.

 

Y Schopenhauer no se limitó a decir que en la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, sino que concluía su célebre frase añadiendo: y el mundo no es, sino música hecha realidad. Amén.

 

Despertar

¿Qué mejor comienzo del blog que con una entrada que se llama Despertar? Todo lo que ha de comenzar, debe pasar por su despertar, el primer aliento de lo que está a punto de comenzar, las primeras bocanadas de aire, de vida que deben ser el impulso de lo que está por venir…

Y sin embargo, no es lo más agradable del día despertarse temprano por la mañana para ir a la universidad o para estudiar. Lo que debería ser la primera alegría de cada día, se nos hace duro y pesado a menudo, sin saber valorarlo en su justa medida. A mí me gusta pensar que me ayuda a cambiar esa perspectiva empezar el día con música o con radio. Esta vez tocaba música, y de la buena. Suelo cambiar la música con la que me despierto frecuentemente o lo intercalo a días con levantarme oyendo la radio. Aparte de la música, lo demás suele ser bastante común para todos los días:

Silencio, primeros compases de La ley innata de Extremoduro, respiración, la voz de Robe, respiración, ruido de sábanas, suspiros, lamentos, la guitarra de Uoho, la música cesa, la ventana se abre, el aire de la mañana, la música de los pájaros, suspiros, la ventana se cierra, pasos, la puerta se abre, interruptor de la luz, el grifo, el agua cae, suspiros…

Empieza el día.